lunes, 10 de agosto de 2009

Último discurso de Germán Martínez Cázares como Presidente Nacional del PAN

Mensaje del Presidente Nacional del PAN Germán Martínez Cázares durante la Sesión Extraordinaria del Consejo Nacional

08 - Agosto - 2009
Por Comité Ejecutivo Nacional

Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de todos los mexicanos,

Estimadas y estimados consejeros y consejeras nacionales,

Ustedes confiaron en mí, el cargo de Presidente Nacional de nuestro partido, recibí esta encomienda con la emoción y la ilusión de guiar el esfuerzo generoso del panismo, de liderar desde el partido el proyecto de modernización que representamos y soñamos.

Pero al mismo tiempo, estaba consciente del reto y la enorme responsabilidad que significa ponerse al frente de toda esa historia noble, buena y libertaria de Acción Nacional.

No dejé enterrado ni uno de los talentos que me prestaron ustedes y que me prestaron de lo alto; no escatimé empeño, coraje ni determinación para cumplir mi tarea.

En cada decisión, en cada día, en cada acto al frente de la jefatura nacional, puse todo mi empeño por ganar, siempre pensando en el partido y nunca pensando en mí.

Nunca definí ni decidí pensando en el "yo", tomé decisiones atento al "nosotros".

Pero los resultados electorales de la pasada jornada electoral, que todos conocemos, no estuvieron a la altura de lo que ustedes me confiaron, no llegamos al puerto que ustedes me ordenaron.

Ante esas dolorosas derrotas electorales que sufrieron, en primer lugar, nuestras candidatas y candidatos, la ética de la responsabilidad y la cultura de la división que deben guiar a un político, me obligaron a presentar mi renuncia personal e irrevocable al cargo de Presidente Nacional que ustedes me encomendaron.

Animé a muchos panistas, mujeres y hombres, a participar, busqué generar acuerdos de unidad interna, designamos candidatos con la anuencia de la Comisión Nacional de Elecciones en un Estatuto que recientemente se aprobó y en una propuesta que no fue solo de esta dirigencia, sino que venía de la antecesora.

Designamos y elegimos a panistas, ganaron y perdieron designados, y ganaron y perdieron electos; designamos a otros panistas y a unos sin credencial del PAN y a más mujeres que nunca, en la historia de este partido, como candidatas.

Construimos un discurso, una propuesta y una imagen de campaña contundente y fuerte para diferenciarnos claramente de nuestros adversarios. Nos lanzamos a obtener la confianza de los ciudadanos y no obtuvimos mayoritariamente esa confianza.

Podemos decir, con certeza y desde un análisis sereno y reposado, que esos resultados, como aquí dijeron algunos de ustedes, son producto de las consecuencias que tuvo para México, como para todo el mundo, una crisis económica mundial.

El partido en el gobierno siempre paga electoralmente el desempeño de la economía, que repercute en el nivel de vida de los ciudadanos, independientemente de quién haya originado el problema.

Podemos, también, advertir que nuestras derrotas se debieron al manejo parcial, faccioso y embustero de muchos gobernadores priístas que conducen sus estados como haciendas personales.

Sin duda el federalismo en el que cree, el que construye y se desenvuelve Acción Nacional, no es para nada esas islas de irresponsabilidad priísta en el manejo de los recursos públicos.

Podemos, si queremos encontrar razones a nuestros resultados en muchos y múltiples factores externos.

Soy de la opinión de que la reflexión, como lo dijo y lo dijo bien el Gobernador Adame, es continua y permanente, no somos un Partido de reflexión de ocasión.

No debo dejar de decir que una de las causas internas, de los componentes que no están afuera, sino adentro, está precisamente en nuestra dinámica interna.

De aquella camaradería castrense que invocaba Efraín González Luna, hay ahora poca actitud de camaradería y en muchas ocasiones nula cualidad castrense.

Los ciudadanos confían en un partido que para gobernarlos se sabe gobernar primero a sí mismo y sólo hay gobierno del partido cuando sus militantes, candidatos y dirigentes gobiernan sus conductas personales y las subordinan a los límites de la ética, de nuestra norma interna, del ejemplo público y de la congruencia, no es disciplina a ciegas, es partido ordenado.

El camino de la coherencia entre el ser y el hacer en el partido, empieza en el ser y hacer individual y personal.

Cuántos panistas queremos la congruencia abstracta, pero no nos exigimos el mínimo decoro a nuestro desempeño individual y personal.

Me voy de la Presidencia del PAN, porque no quiero ni debo ser ni seré nunca, como ex Presidente Nacional, motivo de discordia entre panistas.

Acción Nacional, lo he dicho muchas veces, no es una mera acción personal, es el entendimiento fraterno de las acciones personales que así dan vida a la Acción Nacional.

Acción Nacional nos trasciende a todos, pero nos necesita a todos y nos necesita precisamente gobernados en nuestros apetitos internos, en nuestros deseos de participación, apegados a las autoridades internas, a nuestras tradiciones históricas, a nuestras reglas.

El consenso mayoritario del partido no es consenso cuando no me alcanza a mí, se dice desde la acción personal. No somos un partido ni de apellidos ni de caudillos, somos un partido de motivos espirituales, hemos sabido sortear tiempos difíciles, deserciones dolorosas e incluso traiciones, pero apegados a esos motivos espirituales, tenemos futuro.

Acción Nacional no es de nosotros, es de los ciudadanos. No es sólo el presente que nos reta y desafía, sino también el futuro que nos compromete a cuidar este partido para los que vendrán mañana.

Estoy cierto, sin embargo, que la diferencia entre la victoria del PRI y la derrota del PAN también tiene una lectura sencilla: El PRI cree que ganó desde el México autoritario.

Nosotros sabemos que perdimos en el México democrático que nosotros construimos y por eso debe haber ética de la responsabilidad de quien dirige al partido y cultura de la dimisión; perdimos en el México democrático que estamos construyendo.

Creo que la victoria del PRI, desde actitudes autoritarias, la que usa a todos los funcionarios del gobierno, los recursos de gobierno, los medios de gobierno para hacer ganar a sus candidatos, es regresión antidemocrática, como ocurrió en muchos estados, particularmente en Veracruz, en Oaxaca, en Puebla o en Yucatán.

En el estado de México, sin descuidar nuestras causas internas, que son muchas y graves, parte de la causa de nuestra derrota está en el dinero sin control de ese gobernador que tiene una idea del país del tamaño de un anuncio de televisión.

El futuro del Partido Acción Nacional está en cuidar la unidad e impulsar con fuerza, sin ceder, su agenda de políticas públicas de libertad. De libertad política que viene de la seguridad; de libertad de mercado para recuperar el crecimiento y el empleo; de libertad civil para proteger la inmunidad humana; de libertad, en suma, que viene de la justicia.

Impulsar esa agenda de modernización libertaria, es y debe ser la bandera de nuestra lucha y de nuestra organización.

Niego categóricamente dos afirmaciones que se hicieron: La primera, es que la legitimidad del Partido para construir un Comité Nacional o sustituir a un Presidente sólo está aquí, en el Consejo Nacional; no está en otra parte ni nadie la busca en otra parte.

Niego aquí, también, que se nos presente como subordinados de factores externos del partido,
concretamente a la televisión.
Niego categóricamente que este Partido está al servicio de los intereses de la televisión.

El PAN no pactó con ningún factor externo ni tuvimos ninguna otra alianza electoral que no fuera en San Luis Potosí, autorizada por los órganos del Partido. No hay apoyo de factores externos al Partido Acción Nacional.

Cientos de concesiones a la televisión, se dijo aquí. Lo quiero atajar contundentemente: No, no pacté como Presidente Nacional con ninguna televisión ni con ningún oligopolio en México.

Creo en la agenda de justicia y de libertad, y si hubo cientos de concesiones indebidas a la televisión, no es el Presidente de la República quien tiene que darnos cuenta de ello. Estamos esperando todavía, de algunos de los que hablaron, explicación de esas concesiones de la
televisión.

No es la agenda del PAN ni la agenda del Presidente someterse al imperio de nadie.

Debemos impulsar esa agenda que es buena, que es noble, que es justiciera: Sí, la del libre mercado y de la competencia, la de la justicia social, la del México sin privilegios.

Tienen razón, sí, esa es nuestra bandera y auguro que esa será parte de nuestra (inaudible). Pero el partido debe relacionarse sin confusión con sus victorias, con sus victorias políticas.

¿Para qué defendemos hoy a Guillermo Padrés, en Sonora, si mañana vamos a dictarle desde el PAN sus actos de gobierno?

Defendemos hoy al Gobernador Padrés porque es voluntad ciudadana pura y dura de los sonorenses, no porque es línea de Acción Nacional. Es -sí- triunfo, rotundo triunfo de Acción Nacional pero ya nos trascendió, ya es victoria de los ciudadanos de Sonora.

El PAN de Sonora debe ser el primer apoyo a Guillermo Padrés y no la primera oposición a Guillermo Padrés. Por eso apoyé y agradezco el apoyo que recibí de todos -sin distingo y, para mí, motivo de orgullo- los gobernadores del Partido Acción Nacional. Gracias, señores gobernadores del PAN.

El PAN debe respaldar a sus gobiernos, el PAN debe abrazar confiado y generoso todas sus victorias; los candidatos son producto del PAN pero los gobiernos son mandato ciudadano. Qué razón partidista más poderosa hay, que la orden de los ciudadanos. Por eso apoyé con orgullo y lealtad y lo seguiré apoyando.

Este es y seguirá siendo su partido, Presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Niego que haya otra legitimidad que no sea la del Consejo, con qué cara vamos a combatir mañana el voto nulo afuera si lo promovemos adentro.

Hace año y medio el presidente saliente dijo las siguientes palabras y abro comillas y las digo de memoria y se las agradezco al día de hoy “No desperdicien su voto en revanchismos y mezquindades”, cierro comillas; las agradezco Manuel Espino y las hago mías hoy.

Voy a votar, voy a votar por César Nava. Le agradezco su generosidad de completar el periodo que no pude completar, en el que les fallé.

Mis últimas palabras como Presidente Nacional no pueden ser otras que de gratitud, de inmensa gratitud para ustedes, para Margarita de Garmendia y María Fermina, mi mujer y mi hija.

Seguiré en Acción Nacional, moriré como tantos otros panistas entre derrotas y victorias, que no son, ninguna, permanentes, pero siempre en Acción Nacional.

Esto no es lucha de un día, ni de un hombre, yo –como dice el poeta Luis Cernuda- algún día seré todas las cosas que amo.

Gracias.

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